Una foto que casi termina en urgencias.
Hay sesiones de fotos que planificas de forma milimétrica y otras que se convierten en una historia de supervivencia en el set. Esta imagen con Rose es exactamente eso.
Teníamos arrendado un Airbnb con una tina perfecta para lo que queríamos hacer. El concepto original era minimalista al hueso: la tina llena de leche para crear un lienzo blanco inmaculado, jugando con las formas y el contraste de la piel. Todo iba impecable, pero en medio de la soltura del set, a Rose se le ocurrió que faltaba un quiebre visual. Un punto de contraste cromático absoluto. Alguien tenía una frutilla a mano. El rojo intenso sobre la blancura de la leche y la piel era, fotográficamente hablando, perfecto.
El problema fue que las leyes de la física y la anatomía no perdonan. Entre los movimientos y los cambios de pose, la frutilla se deslizó accidentalmente… hacia dentro de su cuerpo… si, en su coño.
En un segundo, pasamos de una toma editorial digna de vanguardia a un protocolo de control de daños absoluto. Teníamos la amenaza real de terminar la noche de la peor forma posible: en la sala de urgencias de un hospital explicando como mierda llegó una frutilla ahí. Manteniendo la cabeza fría, el profesionalismo y un cuidado extremo, cooperamos para resolver la situación y sacar la fruta de forma segura en el mismo lugar.
Pasado el susto, el ataque de risa nos duró días. Lo que pudo ser un desastre total terminó sellando una amistad inquebrantable que ya lleva 12 años, al punto de que ambos nos terminamos tatuando una pequeña frutilla en la muñeca como un código secreto de camaradería.
Al final, la foto quedó increíble y logramos el contraste que buscábamos. De hecho, siempre he dicho que si alguna vez la editorial Taschen me publica , esta foto debe ser la portada.

