A veces me como el típico comentario buena onda: “Oye, pero te gustan harto los contraluces, ¿ah? Como que te repites un poco”. Y sí, genio, tienen toda la razón. Lo repito harto. Primero y principal, porque me encanta; y segundo —para qué nos vamos a pisar la capa entre superhéroes—, porque sé hacerlo como pocos.

Hay gente que cree que el contraluz es paja fotográfica, una receta fácil de poner una luz atrás y que la silueta tape la falta de ideas. Pero la verdad es que es un universo gigante, lleno de sutilezas que no cualquiera domina. No existe un contraluz. Está la silueta en negro absoluto que te borra todo el detalle y te deja con la duda de qué había ahí; está el high key asesino como ameba donde la luz es tan bestia que se come los bordes de la piel; o ese malabarismo técnico donde la luz viene de atrás pero, mágicamente, los rasgos y la textura del cuerpo se siguen viendo perfectos. Súmale el juego con telas, plásticos o lo que se cruce en el set, y tienes para aburrirte. O para obsesionarte, como yo.

Al final, más allá de lo técnico, hay una razón mucho más básica: los hago porque se me da la gana y porque mi única meta en esto es pasarlo bien haciendo lo que me gusta. Si a alguien le aburre ver piel y luz bien trabajada, se equivocó de perfil.

Para abrir los fuegos de esta serie, hoy les dejo uno ultra simple, casi un ABC del contraluz., pero aun asi con un nivel de detalle que duele. No se pongan ansiosos: en las próximas publicaciones me iré poniendo mas bruto y complicado con el manejo de la luz, las texturas y otras formas de deformar la realidad.

Disfruten.